martes, 17 de agosto de 2010

Los profesionales del piercing deben, además, seguir unos cursos de formación específicos de al menos 15 horas. A la hora de someterse a cualquier trabajo de body art (perforaciones o tatuajes), lo primero que hay que hacer es asegurarse de que éste lo realice un profesional.
No se debe aceptar el ofrecimiento de gente inexperta, conocidos como "scratcher", ya que son personas que no tienen el entrenamiento apropiado para realizar tatuajes ó piercings y, normalmente, no utilizan métodos de esterilización responsables ni materiales homologados por el Ministerio de Salud.

El local donde se realizan debe cumplir unas condiciones mínimas de higiene, lo que evitará posibles infecciones y contagios de enfermedades como la hepatitis B y C o el SIDA. El espacio ha de estar bien iluminado para que el artista, que debe llevar guantes en todo momento, pueda ver perfectamente lo que hace.
Todas las agujas han de desecharse después de cada uso o esterilizarse con alguna técnica adecuada (como la autoclave); además, éstas no deben dejarse sobre superficies que no estén totalmente esterilizadas. Una vez acabado el trabajo, los materiales han de guardarse en recipientes sellados y la tinta sobrante tiene que desecharse.
Hay que tener en cuenta que hacerse un tatuaje o colocarse un piercing es un proceso doloroso, ya que las incisiones causan una herida, aunque es un dolor soportable (sobre todo si se está preparado y lo más tranquilo posible). Eso sí, la intensidad del dolor varía mucho dependiendo de la zona en la que trabaja el artista. Las partes del cuerpo más sensibles son el abdomen, las costillas, la cara y los genitales.